Estudio demuestra que los efectos de no asistir a la escuela son iguales a consumir alcohol o fumar

La educación es uno de los principales determinantes del desarrollo humano, ya que no solo mejora las capacidades cognitivas, económicas y sociales de las personas, sino que también tiene un impacto directo en su longevidad. Un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health ha corroborado este vínculo, comparando la ausencia de formación académica con los efectos nocivos de consumir alcohol o fumar, revelando que el incremento en años de estudios puede disminuir significativamente el riesgo de muerte.

Resultados del estudio

El informe recopiló datos de 603 investigaciones a nivel mundial, resaltando que un año adicional de educación puede reducir el riesgo de mortalidad en casi un 2%. Además, el análisis demostró que completar la educación primaria, secundaria y universitaria con postgrado, equivale a llevar toda una vida con una dieta saludable, aumentando la expectativa de vida en comparación con aquellas personas que no recibieron educación formal.

En la misma línea, el estudio reveló que no asistir a la escuela en ningún momento de la vida es tan mortal como fumar o consumir bebidas alcohólicas en exceso.

Implicaciones para la salud pública

Los beneficios de la educación se extienden hasta la vejez y son fundamentales en todos los sexos y contextos económicos. El estudio encontró que el nivel de ingreso nacional no modifica la relación entre educación y mortalidad. Sin embargo, sí se observaron diferencias regionales, siendo África subsahariana, Asia meridional y Oriente Medio las regiones con el gradiente educativo más pronunciado.

En el estudio se reveló que un menor nivel educativo se correlaciona con tasas más altas de enfermedades cardiovasculares y muertes por cáncer. La educación superior facilita el acceso a mejores empleos, por ende mayores ingresos, atención médica de calidad y mayores conocimientos sobre salud. Adicionalmente, las personas con mayor educación tienden a desarrollar un conjunto más amplio de recursos sociales y psicológicos que moldean la salud y la duración de su vida.

El estudio destaca la importancia de invertir en la educación como una estrategia de salud pública, que puede generar beneficios tanto individuales como colectivos. Asimismo, llama la atención sobre las desigualdades persistentes en el acceso y la calidad de la educación, especialmente en los países de bajos y medianos ingresos, donde se concentra la mayor carga de mortalidad evitable.

En conclusión, la educación es un derecho humano fundamental y un bien público que beneficia a toda la sociedad. Por eso, es importante que los gobiernos, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado se comprometan a mejorar la calidad y la cobertura de la educación, y a reducir las brechas que impiden su disfrute pleno. Así, se podrá avanzar hacia un mundo más justo, saludable y sostenible.

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