El fin no justifica los medios, ni en la Segunda Guerra Mundial, ni ahora en Gaza y tampoco en Irán
Por Sergio García
En este día que se cumplen 81 años del lanzamiento de la bomba atómica, y estamos en medio de guerras bestiales en otros continentes, es bueno realizar algunas reflexiones sobre la ética en la guerra, porque se está generalizando la inmoralidad idea de que el fin justifica los medios cuando los utilizan “los buenos…” Y no es así.
El lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaky mataron a 200 mil personas, casi todos civiles, entre ambas ciudades, lo cual es un genocidio que han justificado con que era necesario:
1.- Para que Japón se rindiera y terminara la guerra.
2.- Ahorrarse vidas de estadounidenses que morirían al invadir Japón.
3.- La destrucción de centros industriales y militares… lo cual no ocurrió.
Los tres argumentos son falsos. Primero, porque jamás ha sido lícito asesinar civiles, y por ello fueron condenados a la horca generales y gobernantes alemanes, italianos, rumanos, etc… Pero en el caso de EU y los aliados fueron considerados héroes esos crímenes.
De todos es sabido que el militar está en riesgo de morir en una guerra. Es inevitable. Pretender ahorrar vidas de soldados a cambio de la matanza de civiles es a todas luces un crimen de lesa humanidad. En Japón ocurrió un GENOCIDIO, lo cual es un crimen.
Japón ya era un país derrotado. Todo lo habían perdido. Ya no tenían armada, ni como alimentar a su población. Un bloqueo naval y Japón se hubiera rendido en menos de tres meses. Además, la amenaza soviética sobre Japón ya estaba en marcha porque Alemania ya se había rendido, e incluso Rusia le arrebató las islas de Sakhalín y las Kuriles en el Norte.
Así pues, había maneras de ahorrarse vidas de estadounidenses.
Hiroshima y Nagasaky eran sobre todo centros de población civil, aunque la primera tenía instalaciones militares.
Fue un acto de crueldad y de abuso continuado, ya que los aliados gozaban bombardeando poblaciones civiles:
Los ataques con bombas incendiarias convencionales eran tan devastadores que el peor bombardeo que sufrió Japón fue el de Tokio, que costó la vida a 100.000 personas en la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, cuando 330 bombarderos B-29 destruyeron la capital de Japón.
No tenían los aliados el menor reparo en masacrar poblaciones civiles. Y lo mismo hicieron en Francia, y, sobre todo en Alemania:
Hamburgo (1943): La Operación Gomorra desató una gigantesca tormenta de fuego que mató a cerca de 46 mil civiles y destruyó barrios enteros en una sola noche. Primero lanzaban bombas de fósforo en gel de varias toneladas que se esparcía por edificios y casas, luego bombas incendiarias y explosivas.
Berlín (1943-1944): Sufrió decenas de incursiones masivas que diezmaron la capital del Reich y causaron decenas de miles de muertes.
Dresde (1945): Uno de los episodios más debatidos y trágicos de la guerra, donde un intenso bombardeo aliado arrasó el centro histórico y dejó decenas de miles de muertos.
Otras ciudades bombardeadas: Colonia, Essen, Düsseldorf, Hannover y Fráncfort sufrieron daños catastróficos permanentes y donde murieron decenas de miles de civiles.
Y en estos bombardeos participaron pilotos de Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y otros países… Y no se trataba de acabar con la guerra, sino de hacer sufrir a la población civil.
La suma de tanto asesinato de civiles supera con mucho a los muertos causados por la bomba atómica. No había, pues, indicios de legalidad o moralidad en esta acción. Lo que sí había, era un afán de experimentación asesina a costa de la población civil japonesa, y es la misma sed de sangre, espíritu satánico, que hay ahora en Gaza, Irán o África… Y le puede tocar su turno a cualquier país de América.
Hace apenas unos meses, el 28 de febrero, al iniciar el bombarde de Irán, sin declaración de guerra, sin avisar, los dos primeros misiles de ALTA PRECISIÓN fueron lanzados contra una escuela primaria: 170 niñas de la Escuela de Minab. Las primeras niñas murieron al instante, mientras que las sobrevivientes corrieron a refugiarse en una sala de oración… y ahí les lanzaron el segundo misil, mientras rezaban…. Es claro, pues que este asesinato múltiple no fue un «error» del GPS, es la reiteración de esa enfermedad mental que se han autoinoculado tergiversando los libros sagrados.
Y es por demás recordar el asesinato sistemático de más de 25 mil niños en Gaza, 30 mil mujeres, y, en fin… El conteo es bárbaro.
En todos los casos, justifican diciendo que es para terminar la guerra. Pero todos sabemos ahora que es una sed de venganza, de muerte, que no puede venir de Dios, sino del maligno.
Pero si nos vamos al supuesto filosófico o ético de que el fin justifica los medios, de que te vas a ahorrar vidas de soldados, de que vas a terminar la guerra, pues tampoco es correcto. Todos sabemos con un mínimo de ética, de que se trata de un argumento maquiavélico, a todas luces reprobable y condenable legalmente… Por menos delitos fueron ahorcados los nazis, Mussolini, Hussein, Khadafi, etc.
Los ejércitos estadounidenses, occidentales, cuando son aliados buscan mediante propaganda justificar todo tipo de matanzas, pero nada de esto es viable moralmente, ni legalmente.
Actualmente están en la tentación de lanzar una o más bombas atómicas contra Irán, desde Estados Unidos o Israel, a causa de una guerra que iniciaron y perdieron. Atacaron cobardemente a traición a Irán, y aún así perdieron la guerra… Y estos inmorales epsteinianos, satanistas, como Trump y Netanyahu, quieren convencer al mundo de la legalidad de lanzar una bomba atómica. Si antes no lo era, con estos gobernantes, menos lo es ahora.
Estados Unidos cometió uno de los mayores crímenes contra la humanidad, de tal manera, que, como dice la Comisión Nacional de Derechos Humanos, hasta se inventó una palabra nueva para nombrarlo: GENOCIDIO.
Y así como hay museos de las guerras, del holocausto, nos deben un gran museo de los GENOCIDIOS, para no perder la memoria de la bestialidad de los seres humanos.

