El 25 de septiembre de 1493, Cristobal Colón partió, desde el puerto de Cádiz en España, en su segundo viaje al actual continente americano al frente de expedición armada, compuesta por 17 naves y entre mil 200 y mil 500 tripulantes, y con la intención de colonizar las «nuevas tierras».
A su llegada en noviembre del mismo año a la isla La Española (como denominó a la actual República Dominicana y Haití) descubrió que el fuerte Navidad que había construido en su primer viaje había sido destruido y sus hombres asesinados.
En vez de tratar de reconstruir el fuerte, hecho originalmente con los restos de la naufragada carabela Santa María, empezó a finales de diciembre de 1493 una nueva construcción, una villa que fue inaugurada el 6 de enero de 1494 con el nombre de La Isabela, en honor de la reina Isabel La Católica, patrocinadora del navegante.
La Isabela fue el punto de partida de las acciones colonizadoras del reino de España en el Nuevo Mundo.
Actualmente, México, a través de la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), participa en un proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para «la puesta en valor del patrimonio biocultural de La Isabela«, propuesta hecha por la República Dominicana.
Misión actual
En abril de este año, una misión científica internacional encabezada por Helena Barba-Meinecke, arqueóloga subacuática del INAH, realizó prospecciones geofísicas y muestreos de sedimentos en la bahía de La Isabela, en busca de vestigios sumergidos de finales del siglo XV, incluyendo posibles naufragios asociados a las expediciones de Cristóbal Colón, señala la UNESCO.
Además de México y Dominicana, el equipo internacional reúne a especialistas de Argentina, desde la Secretaría de Cultura de la Nación; España, con la Universidad de Cádiz, el Centro de Arqueología Subacuática de Cádiz y el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA), y de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos.
De acuerdo con un boletín del INAH Barba-Meinecke, en su calidad de experta ante el Consejo Asesor Científico y Técnico (STAB), señala que el acompañamiento técnico de México tiene precedentes exitosos, como la inscripción en 2025 de Port Royal, en Jamaica, en la Lista del Patrimonio Mundial.
Barba-Meinecke, quien responsable de la Oficina Península de Yucatán de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, explica que la Misión Unesco-STAB en Villa La Isabela, inició en 2024, con el fin de proteger, conservar, investigar y difundir el patrimonio biocultural subacuático del sitio.
Durante abril de 2026, se realizó la segunda etapa de esta iniciativa que tiene el respaldo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y de los ministerios de Cultura de España y de República Dominicana.
El foco estuvo en la recopilación de datos mediante sondeos geofísicos, con dispositivos de perfilación del fondo marino, magnetometría y nucleadores, para la extracción de sedimentos informa el INAH.
La información obtenida se está procesando y analizando en las universidades de Cádiz y de California San Diego, ambas integrantes de la Red Unitwin, constituida por instituciones de educación superior que apoyan la labor de la Unesco.
De acuerdo con Barba-Meinecke, el propósito específico de esta fase es definir las áreas de mayor potencial arqueológico para la identificación del patrimonio cultural subacuático en bahía Isabela.
Lo que implica verificar si este corresponde a restos de naufragios asociados a la segunda expedición de Colón, e identificar el posible lugar donde se localizó el astillero de la villa La Isabela, el primer lugar de construcción de barcos europeos en América.
En la tercera fase de la misión, que tendrá lugar en 2027, se emprenderán excavaciones con miras a comprobar la existencia de vestigios que correspondan a ese momento, entre ellos, restos, fragmentos o piezas de embarcaciones de finales del siglo XV que estén hundidos.
Por otra parte —señala el INAH—, se realiza un diagnóstico integral para evaluar la vulnerabilidad del yacimiento por el cambio climático.
Barba-Meinecke añade que se busca fortalecer el trabajo conjunto con los habitantes, quienes detentan una memoria colectiva que es un patrimonio cultural vivo, esencial para la reconstrucción histórica del sitio.
Información de Latinus
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