A10 meses de haber regresado a Washington para gobernar a la nación por segunda ocasión, mientras millones de ciudadanos sufren los estragos del incremento en los precios, tanto en los alimentos como en los servicios básicos, el presidente Donald Trump atestigua como la cantidad de ostentosos regalos que recibe, poco a poco, deja menos espacio donde colocarlos en la Casa Blanca.
La estrategia implementada por el republicano de 79 años para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande todavía no se refleja en la economía, pues la brecha entre los salarios y los gastos de la ciudadanía cada vez es mayor.
De hecho, un análisis del Bank of America Institute hace hincapié en que cerca de tres de cada 10 hogares viven al día, algo por demás contrastante para un país considerado potencia mundial.
Sin embargo, en un intento por impulsar a las finanzas, Trump apostó por amenzar con imponerle aranceles a las importaciones de más de un centenar de países.
Su objetivo consistía en impulsar a la producción local y que las empresas extranjeras interesadas en ingresar sus mercancías a Estados Unidos pagaran más por ello, en ocasiones hasta 145%, como llegó a ser el caso de China; o 50% como sucedió con las importaciones de Brasil.
Si bien es cierto que Estados Unidos ha captado miles de millones de dólares a través de los aranceles implementados este año, eso no ha disminuido el precio de la mayoría los artículos adquiridos por la ciudadanía ni tampoco ha tenido un impacto avasallante en la inflación.
En lo que respecta al plano internacional, los aranceles terminaron por asustar a los dirigentes de países obligándolos a firmar acuerdos de cooperación con Trump para de esa manera tratar de congraciarse lo mejor posible con él.
En ese afán de llevar en paz la fiesta lo mejor posible, algunos funcionarios han llevado al extremo su gentileza con el magnate neoyorquino al obsequiarle artículos que, de acuerdo con el Artículo I, Sección 9, Cláusula 8 de la Constitución de Estados Unidos, prohíben que cualquier funcionario federal, incluido el presidente, acepten obsequios personales de gobiernos o funcionarios extranjeros sin el consentimiento del Congreso.
Regalos a cuerpo de rey
Durante una gira de trabajo realizada por Qatar en mayo, el jeque Tamim bin Hamad le obsequió un lujoso jumbo Boeing 747-8 propiedad de la familia real cuyo valor ronda en $400 millones de dólares.
El argumento de este obsequio fue que pudiera reemplazar al Air Force One durante el resto de su mandato.
Después en una visita que Trump realizó a Corea del Sur en octubre, recibió de manos del presidente Lee Jae Myung la réplica de una histórica corona fabricada en oro de un valor incalculable.
A estos obsequios deben sumarse varios más que, pese a ser menos costosos, también van encaminados al mismo propósito, ganarse la simpatía de Trump en lugar de su repudio.
Incluso Vladimir Putin le pidió al artista a Nikas Safronov crear un retrato de Donald Trump, el cual después le fue entregado al neoyorquino.
Cabe señalar que, de acuerdo con un informe del Comité de Supervisión y Responsabilidad de la Cámara de Representantes, el cual fue presentado en 2023, después de haber abandonado la Casa Blanca en 2021, el presidente y su familia no informaron sobre al menos 117 obsequios extranjeros por un valor aproximado de $291,000 dólares.
Información de La Opinión

