Los inmigrantes irregulares también contribuyen al sistema. Se estima que han pagado cerca de 3 billones de dólares en impuestos en los últimos 30 años
Los inmigrantes en Estados Unidos no solo forman parte esencial de la fuerza laboral, sino que también aportan más al sistema fiscal que el ciudadano promedio. Así lo revela un reciente análisis del Cato Institute, que pone cifras claras a un debate político recurrente: el impacto económico de la migración.
Según el estudio, entre 1994 y 2023 los inmigrantes generaron aproximadamente $100 mil más en impuestos per cápita que los estadounidenses nacidos en el país, lo que representa un incremento cercano al 17% durante ese periodo. Tan solo en 2023, los inmigrantes pagaron alrededor de $1.3 billones en impuestos, mientras que recibieron beneficios gubernamentales por 761 mil millones, dejando un superávit fiscal superior al medio billón de dólares.
Este balance positivo se explica, en gran medida, por una mayor participación laboral. Los inmigrantes tienen más probabilidades de estar empleados y, aunque suelen percibir salarios por hora más bajos, trabajan más horas en promedio. Esto eleva su ingreso total y, por consecuencia, su contribución tributaria.
El informe también destaca que la proporción de inmigrantes dentro de la fuerza laboral supera ampliamente su peso en la población. Esto se traduce en una contribución desproporcionada tanto en ingresos como en impuestos, un dato que contrasta con narrativas políticas que señalan lo contrario.
Otro punto clave es que la mayor parte de los impuestos no proviene directamente del impuesto sobre la renta. Aproximadamente el 75% de los ingresos fiscales generados —tanto por inmigrantes como por ciudadanos— corresponde a otros gravámenes, como impuestos sobre la nómina o contribuciones indirectas. En muchos casos, incluso, los trabajadores no perciben directamente estos pagos, como ocurre con la parte del impuesto que cubren los empleadores.
En cuanto a los inmigrantes irregulares, el estudio subraya que también contribuyen al sistema. Se estima que han pagado cerca de 3 billones de dólares en impuestos en los últimos 30 años. Aunque su situación limita su acceso a beneficios, muchos de ellos pagan impuestos mediante retenciones en nómina, incluso utilizando identidades prestadas, y solicitan reembolsos con menor frecuencia.
El análisis del Cato Institute coincide parcialmente con evaluaciones de la Congressional Budget Office (CBO), que en un informe de 2024 señaló que la inmigración también impulsa la productividad de los trabajadores estadounidenses, aumentando sus ingresos y, por ende, la recaudación fiscal. De hecho, la CBO advierte que políticas migratorias restrictivas podrían incrementar el déficit federal en hasta 500 mil millones de dólares en una década, principalmente por la caída en ingresos fiscales.
Más allá de los números, el estudio concluye que los inmigrantes no solo fortalecen las finanzas públicas, sino que también generan beneficios económicos más amplios a través de su trabajo, innovación y emprendimiento.
Estos datos ofrecen un matiz relevante: lejos de representar una carga, los inmigrantes han sido, en términos fiscales, un motor clave para la economía estadounidense.
Información de La Opinión
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